Ventaja
Ventaja
Muy buenas, lectores
Tengo serias dudas acerca de lo responsable que es la gente a la hora de consumir. ¿Cuánto se plantea una persona la repercusión que tiene una compra a la hora de hacerlo? ¿Influye solo el dinero? ¿Existe posibilidad de esperar para hacer una compra consciente? Muchas son mis dudas al respecto, conozco personas que suelen guiarse más por el impulso consumista y personas que son más sensatas al respecto.
En mi caso, siempre procuro autoeducarme a consumir de un forma más relajada, procurando seleccionar bien lo que compro y quedarme conforme. Es por eso que soy fan de las cosas vintage, ya no solo por su aspecto estético, sino por todo lo que confluyen. Esos valores que se impregnan en una pieza vintage y que aseguran que la compra va a ser casi enteramente satisfactoria. Es por ello que hoy vengo a hablaros de alguna que otra ventaja del consumo vintage. Y para ello nada mejor que enfocarnos en las joyas, que por algo estarás leyendo este blog.
La sostenibilidad
La principal ventaja que me lleva al vintage es el mínimo impacto ecológico que tiene. Ya sea a la hora de adquirir algún producto o heredarlo, optar por lo vintage va a ser siempre más responsable. En la actualidad la industria del fast fashion es una de las más contaminantes a nivel global. Miles de químicos, fábricas y vertidos destruyen ecosistemas a lo largo del mundo en un constante intento de crear más para consumir más que al final termina en tirar más.
Esta situación es insostenible y es importantísimo abrir los ojos a tiempo y cerciorarse que hacemos todo lo posible para poder detener este deterioro ambiental. Sin embargo, comprendo perfectamente la educación que nos han dado respecto al consumo, no es tan sencillo dejar de comprar y de adquirir y menos para los fanáticos del estilo y la moda.
El consumo vintage se encuentra entonces en el punto de equilibrio perfecto entre estilo y respeto medioambiental. Esta ventaja es de lejos algo con lo que la industria textil y orfebre actual no puede competir. Existen evidentemente firmas con principios que optan por una fabricación consciente y con el mínimo perjuicio ecológico, pero aún así lo vintage es aún más responsable ya que lleva años formando parte de la economía circular.
La historia
Aquí quiero hacer una distinción entre las piezas vintage que se compran y las que se heredan. Una pieza heredada de por sí ya tiene una historia inigualable que le aporta un valor incalculable. Cuando heredamos algo de una persona, nos llevamos con ello algo de esa persona y durará tanto como lo cuidemos.
Al igual que si dejamos algo en herencia, esa joya o esa prenda o ese objeto se llevará parte de nuestros recuerdos que durarán probablemente más de lo que lo hagamos nosotros. En este caso, hay joyas repartidas por todo el mundo con historias únicas. Yo tengo las mías propias heredadas y aún dedicándome a la venta de joyas, sé que cuando una pieza se hereda, su valor es distinto. Ni mejor ni peor, distinto.

Por otro lado hablo de las joyas vintage que se compran. En mi caso, la gran mayoría de joyas no han tenido una primera vida. Nadie las ha portado antes por lo que no se han impregnado de esos momentos y recuerdos. Sin embargo, tampoco están vacías de historias. Mis joyas particularmente han viajado por el mundo, muchas provienen de manos artesanas de países como Holanda, Alemania o Italia. Han llegado desde allí a lugares como stockages antiguos, mercerías o mercadillos hasta que han caído en mis manos.
Ya podrían contar mucho, aunque estoy segura que aún tienen mucho por vivir.
La eternidad
Y es que otra ventaja que tienen las piezas vintage es lo mucho que duran. Se podría decir que son eternas. Siendo eternidad una hipérbole de longevidad, evidentemente. Nada es eterno, pero sí duradero. Cuando uno hace una inversión, quiere que le sea lo más rentable posible. Arriesgarse a comprar algo que lleva poco tiempo creado, no asegura una longevidad. Sin embargo las joyas vintage ya vienen con esa garantía. Ya han pasado el control de calidad del tiempo que al fin y al cabo es de los más crueles.
Si hablamos de tendencias, es verdad que la cosa cambia. Pues en su momento fueron lo más y a día de hoy con el cambio tan brusco de una tendencia a otra ya ni se sabe bien. Lo que sí está claro es que la industria de la moda es cíclica. Si algo se llevó en el pasado se volverá a llevar sí o sí. Lo que una pieza vintage te asegura es que para cuando vuelva a llevarse seguirá en buen estado. Si han aguantado tan bien hasta ahora, ¿quién dice que no lo seguirán haciendo?
La calidad
Unida a la anterior ventaja, encontramos la calidad. Si el tiempo no ha sido capaz de estropear una pieza vintage, ten por seguro que es de calidad. La artesanía antigua no tiene comparación con la fabricación actual.
Existe un viejo dicho que aplica perfectamente a esto: las cosas de palacio van despacio. Esto viene a reivindicar el buen resultado que tiene el fabricar las cosas con paciencia, tiempo y compromiso con la calidad. Básicamente las máximas del slow-fashion.
En el caso de mis joyas es más que evidente el trabajo manual y artesano tras ellas. En las épocas que fueron creadas, era imposible tener esa producción en cadena tan sofisticada. Existían mecánicas obviamente, aún así el trabajo para hacer las filigranas, los esmaltados o los baños de oro eran más minuciosos. Ese tratamiento tan delicado al que podríamos comparar con el savoir-faire de la alta costura es lo que asegura una calidad irrepetible por una máquina.

Con todo espero haberte convencido, no pretendo que solo compres vintage o que dejes de comprar. Mi intención simplemente es que empieces a valorar lo que usas. Al fin y al cabo nos definimos por lo que usamos. Y cada ventaja de las que he hablado se convierte en una valor añadido para la prenda o la joya que luego se traslada a nosotros.







