Saint Laurent, mito irrepetible

Laurent

Muy buenas, lectores

Continuando con la serie de publicaciones acerca de diseñadores, el turno de hoy le toca a uno de los grandes. Sé que siempre me refiero a ellos igual, pero a cualquier diseñador o fashionista que se precie se le pone la piel de gallina al ver una obra del gran Yves Saint Laurent. Incluso solo con mencionarlo, su grandilocuente nombre resuena a leyenda

Con un muy reciente 85º aniversario de su nacimiento, no hay mejor momento para honrar la memoria de tan conocido artista del textil. Pocos pueden vanagloriarse a lo largo de la historia de un  talento como el de Saint Laurent. 

Saint Laurent para quien aún no lo conozca

El primer día de agosto fue la fecha exacta del aniversario, pero tenemos que remontarnos cerca de 176 años hasta el noveno cumpleaños de un por aquel entonces Yves. Aquí datamos una de sus premoniciones. “Mi nombre estará grabado con fuego en los Campos Elíseos” fue su deseo al soplar las velas de la tarta. 

Sus comienzos profesionales en la moda llegan con los 17 años en París, tras una infancia y adolescencia donde ya dejaba ver tanto su interés como su talento en la moda. Michel de Brunhoff, director por aquel entonces de la edición francesa de Vogue, quedó fascinado por Saint Laurent y ayudó a que consiguiera su primer oficio en la moda como escaparatista para Christian Dior. 

Uno de los bocetos de Yves para la casa Dior

Digamos que Dior fue una vorágine para Saint Laurent, pues esta casa lo llevó a la fama y casi a la locura. Con 21 años tras la muerte de Christian se convierte en director creativo y esto dura hasta 1960 cuando tiene que abandonar la maison en la que ya no es tan bien recibido. 

Un año más tarde, tras una terrible experiencia en el servicio militar, junto a Pierre Bergé, su compañero sentimental, fundaron la casa Yves Saint Laurent que conocemos hoy día como Saint Laurent. Su primera colección Ligne Trapéze (línea trapecio’ en francés) fue toda una revolución que rompía con la silueta New Look de Dior. Ahora Yves regía su firma bajo su propio nombre sin saber el próspero futuro que le auguraba.

El arte YSL

Ya hemos mencionado en múltiples ocasiones la moda como arte. Esa rama estética de la industria textil que no se centra en la indumentaria, sino que pone su énfasis en la experiencia visual del arte. Hacer vestidos y trajes que son obras de arte al igual que un cuadro o una escultura era una de las mejores cualidades de Saint Laurent. 

Él, a diferencia de muchos en la actualidad, conocía de sobra la utilidad del arte para la moda y de la moda para el arte. De esta simbiosis nacen obras espectaculares que lo consagran no solo como diseñador, sino también como artista. 

Esta forma de trabajar viene dada de su espíritu de coleccionista de arte, el cual le llevó a implementar en sus diseños motivos de cuadros de artistas como Picasso, Braque o Pierre Mondrian. Siendo este último una de sus obras más icónicas y conocidas. 

Las múltiples versiones del vestido Mondrian de Yves Saint Laurent en su colección de otoño de 1965

Más que una moda, es una actitud

Así es como Saint Laurent se refería a una de obras más representativas: el esmoquin femenino. Con inspiración del mítico traje de gala masculino, la primera adaptación del dos piezas al vestuario masculino tiene lugar en 1966 (imagen de la derecha).

Desde entonces, las versiones se han replicado temporada tras temporada. Desde personalidades como nuestra frecuente Diana de Gales hasta supermodelos en unos de los últimos desfiles que la marca resultante ha presentado. Porque sí, el esmoquin en Saint Laurent ha superado la retirada de su creador en 2002 y el fallecimiento de éste en 2008.

La sahariana de Saint Laurent

Pero el esmoquin no fue la única versión que Yves tomó del armario masculino para el femenino, pues la sahariana es otra de las piezas que más destacan de todo el repertorio estético que nos dejó la leyenda. 

Esta prenda era, como tantas prendas con inspiración militar, únicamente destinada a los hombres, pero Yves y su gran visión disruptiva supo ver más allá de la sahariana. Supo adaptarla para mujer enfocándose en el fruncido que esta prenda posee gracias al cinturón para incluso llegar a crear una versión en vestido. Supo convertirla en un básico como lo es a día de hoy. 

Yves junto a Louise de La Falaise (derecha) y Betty Catroux (izquierda) usando saharianas – 1969

Al pensar en Saint Laurent, al menos para mí, estas dos son las piezas más relevantes que me vienen a la cabeza, aunque fue por mucho más por lo que recordamos al diseñador como uno de los más grandes. 

Tales pueden ser la aparición de la gabardina en la pasarela parisina, la popularización del caftán gracias a su inspiración de Marrakech o la revisión de ese esmoquin que hablábamos antes y que terminó por convertirse en el mono, esa pieza que no falta en ningún armario. 

Queda mucho de Saint Laurent para tratar, pero por ahora creo que el homenaje en el aniversario queda bien. Aún así estoy más que segura que volveré a hablar de él porque hablar de moda es imposible sin hablar de Yves Saint Laurent. Podemos decir que su nombre se ha grabado a fuego más allá de los Campos Elíseos.

 

Sobre mí

Soy María Francés, diseñadora de moda y consultora de imagen. Mi enfoque se basa en romper barreras y celebrar la individualidad a través de diseños únicos. Con mi pasión por los año 80 y el espíritu de rebeldía, aspiro a empoderar a las mujeres a través de la moda. Únete a mi viaje y descubre cómo la moda puede ser una forma de expresión personal y diversión desenfrenada.

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